IV CONGRESO

 

III. Soberanismo, anticapitalismo y utopismo socialista

 

23. La reivindicación política de una Andalucía emancipada ha fermentado siempre en los procesos de movilización popular, en el movimiento jornalero reclamando el derecho a la tierra, en la lucha contra la autonomía “de segunda” que otorgaba la UCD, en la batalla por la paz y contra las bases de la guerra, en las luchas contra los recortes. Hoy, con miles de jóvenes saliendo cada día de Andalucía para buscarse un provenir, la emigración es un reflejo de la dependencia estructural de nuestra tierra. Las naciones son categorías históricas dinámicas y abiertas, conjuntos articulados de relaciones socioeconómicas, marcos diferenciados en los que se desarrollan los conflictos sociales entre las clases. La defensa del derecho a la autodeterminación ha sido un principio democrático radical defendido siempre por las izquierdas más consecuentes. En Andalucía el programa de emancipación social y de liberación nacional forman parte de un mismo proyecto general de revolución social y liberación política. Nuestra propuesta de liberación nacional se diferencia sustancialmente de la concepción burguesa que tiene el nacionalismo clásico. Nosotros no queremos reproducir en Andalucía, a pequeña escala, el modelo de nación-estado que constituye actualmente el estado español. Tampoco creemos en la idea de que Andalucía pueda representar una sola causa política que unifique los intereses de las distintas clases sociales, porque el proceso de liberación nacional no está al margen de la lucha de clases. Defendemos una soberanía indisolublemente ligada al empoderamiento de las clases populares, a la defensa de sus derechos, a la emancipación social y a la radicalidad democrática.

 

24. La construcción ideológica y orgánica de la izquierda soberanista andaluza pasa por la defensa estratégica de un proyecto de construcción política de Andalucía desde el compromiso militante con la clase trabajadora. Para ello ha de quebrarse legal, institucional y socialmente el modelo de la “transición”, con su Constitución y su Estatuto de Autonomía como instrumentación formal de legitimación y han de establecerse las bases de un proceso constituyente andaluz que reconozca la soberanía nacional de Andalucía, el problema de la tierra, la independencia política previa al establecimiento de cualquier tipo de vínculo con otras naciones, la edificación económica y cultural en un escenario democrático y en un horizonte de transformación social. A partir de ahí se hace posible fundar un internacionalismo no abstracto, ni acompañante de un cosmopolitismo estúpido y legitimador de procesos de dominación nacional, un internacionalismo que brota de las clases sociales nacionalmente constituidas y políticamente emancipadas.

 

25. La lucha contra globalización neoliberal, contra el marco constitucional español, monárquico y capitalista ha de conllevar el programa de una Andalucía emancipada por ella misma, independiente en lo político, libre en lo cultural, autogestionada en lo social, sin tutelas ni servidumbres y con capacidad para establecer lazos políticos y económicos y relaciones afectivas con toda la Humanidad que lucha.

 

26. Como se sabe, la llamada Transición se basó en un gran acuerdo entre el franquismo, las cupulas de la izquierda reformista (PSOE, UGT, PCE, CCOO) y las burguesías periféricas (CiU y PNV). No hubo ruptura democrática con la dictadura, sino un continuismo con barniz “democrático”, la reforma pactada, se llamó al engendro. Los partidos de izquierda y las fuerzas nacionalistas de derecha a cambio de la legalización y la participación en un sistema electoral viciado y antidemocrático aceptaban una Constitución que blindaba la monarquía y la “unidad de España”, renunciando así a las legítimas aspiraciones republicanas y al derecho de autodeterminación de los pueblos. Para más inri, el ejército quedaba como garante de la integridad territorial. Como cesión, se conformaba un régimen de autonomías donde los nacionalismos periféricos de derecha podrían obtener prebendas y oportunidades de negocio. Los sindicatos, por su parte, garantizaban la ‘paz social’ a cambio de cuantiosas subvenciones estatales y un cierto estado de “suficiencia social” -que no de bienestar social- dando lugar al llamado sindicalismo de la concertación. Este tipo de sindicalismo que ha primado durante décadas la negociación frente a la lucha, aceptando reformas laborales, privatizaciones, reconversiones salvajes, precariedad, pensionazos, etc. etc. es el culpable directo de la desmovilización social.

 

27. La reforma del art. 135 de la Constitución viene a liquidar la parte social del pacto pues significa la condena a muerte de las limitadas prestaciones sociales que aún quedaban tras varios años de vendaval neoliberal. La banca y los gobiernos no se ocultan, a veces ni siquiera endulzan sus actuaciones. Y esto es debido al desorbitado control de los medios de comunicación que posee la clase dominante. El mensaje es siempre idéntico: hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora tenemos que apretarnos el cinturón. Intentan así involucrarnos ideológicamente en la sustentación de sus recetas. El problema es que amplios sectores de la población no comulga con esta manipulación y busca caminos de contestación social y de recuperación de la democracia, actualmente secuestrada por los mercados especulativos. Y aquí entra el papel de la izquierda alternativa. Una izquierda que durante años ha sido presa del sectarismo y el cainismo se encuentra hoy con posibilidades reales de conectar con amplios segmentos de población.

 

28. Hoy, en lo político y lo sindical, lo viejo no acaba de morir del todo y lo nuevo no acaba de desarrollarse. Nos seguimos encontrando en un cruce de caminos que evidencia la crisis extrema de la izquierda que hasta ahora ha sido incapaz de entender la amenaza que significa el capitalismo para la humanidad y que no logra desplegar estrategias políticas, sindicales y sociales que sean capaces de revertir una correlación de fuerzas desfavorable para el movimiento obrero y las capas populares. Debemos comprender colectivamente el mundo que nos rodea e intentar dar respuestas desde los distintos planos de lucha. La izquierda tiene que mirar muy alto y atacar allí donde más duele, donde más daño se le puede hacer al establishment. Hoy no sólo tenemos que disputar batallas defensivas por el salario, por las prestaciones, por los derechos cada vez más conculcados, tenemos también que contraatacar, es necesario emprender una amplia campaña de deslegitimación del poder, mediante la desobediencia civil, la insumisión y la resistencia pacífica pero masiva. La gente en la calle no para de decirlo: “No hay democracia si gobiernan los mercados”. Efectivamente, la democracia es una falacia en el capitalismo porque el capital financiero siempre ha dominado a los gobiernos.

 

29. Los gobiernos justifican todos los ataques apelando en última instancia a la legitimidad electoral. Al mismo tiempo que desenmascaramos la mentira de la democracia bajo este sistema corrupto y totalitario que es el capitalismo debemos cuestionar esa legitimidad. Los gobiernos se olvidan de sus promesas electorales y llevan a cabo un programa contrario de lo que ofertaron en campaña. Así se colocan en la más absoluta ilegitimidad y una y otra vez. Debemos recordar que nadie ha votado desempleo masivo, recortes, represión, despidos, pobreza y humillación. Es necesario concurrir a las elecciones en los diferentes planos (municipal, autonómico, etc.) pero no de cualquier manera. Hay que intentar sacar los mejores resultados para establecer un diálogo con las masas e incentivar su movilización y organización.

 

30. Quienes nos representen como cargos públicos deben desde el minuto uno comportarse de forma diferente. Deben repudiar los privilegios y dar ejemplo siendo los primeros a la hora de luchar y situarse en la última línea a la hora de disfrutar los beneficios de la lucha. Mientras la clase trabajadora siga viendo el parlamentarismo burgués como una solución a sus problemas, debemos estar ahí, concurriendo en las diferentes elecciones, pero no para ser cómplices del neoliberalismo y del capitalismo, sino para ser la semilla de la destrucción del sistema capitalista, utilizando sus propias herramientas de opresión. Las cámaras parlamentarias deben ser meras cajas de resonancia de nuestras ideas y programa. Y allí donde obtengamos parcelas de gobierno hay que establecer una estrategia de contra poder popular, dando el protagonismo a las asambleas obreras y vecinales a la hora de la toma de decisiones. Y donde no tengamos esas parcelas de gobierno, deberemos fomentar en la calle la creación de este doble poder a través de asambleas populares de trabajadores y trabajadoras, estudiantes, vecinos, etc.

 

31. Tenemos que ganar la batalla de las ideas. Hasta la izquierda más comprometida a veces es víctima de la intoxicación ideológica del enemigo como hemos visto en recientes conflictos como el de Libia o Siria o con los recortes aprobados en la Junta de Andalucía. Tras la caída del Muro de Berlín y el colapso del estalinismo nos llovió una campaña de desprestigio de las ideas socialistas y comunistas, lo que unido a la traición histórica de la socialdemocracia llegó a poner al marxismo y a otros pensamientos revolucionarios contra las cuerdas. Sin embargo, la profunda crisis del sistema capitalista nos da una nueva oportunidad de reestablecer y recuperar las esencias y fundamentos, criticar los errores, no asumir lo que nunca formó parte de nuestro pensamiento revolucionario y al mismo tiempo, abrirnos, aprender, reescribir,…

 

32. La clase trabajadora siempre busca instintivamente la unidad. Y sin la clase trabajadora no habrá cambio social. Igualmente el movimiento obrero debe tender puentes hacia la juventud y los movimientos sociales alternativos, los nuevos modos de establecer relaciones comunitarias (bancos de tiempo, radios libres y medios no corporativos, banca ética, etc). Pero la unidad es para luchar, la unidad de la pluralidad de la izquierda en lo sindical, lo político, e incluso en lo social es para unirnos en torno a luchas y objetivos concretos que sean alcanzables y que alumbren nuevos caminos. No hay que esperar a que llegue el día de la revolución. Como en La Corrala, como en Somonte, como en Marinaleda hay que coger el destino en nuestras manos y luchar desde hoy para construir el proceso revolucionario de emancipación social y liberación nacional.

 

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