IV CONGRESO

 

II. Andalucía, sujeto político

bases históricas y culturales de una andalucía soberanista

 

15. Andalucía es una de las naciones europeas más antiguas. Lo que hoy es Andalucía, ha ido conformando su identidad nacional a lo largo de uno de los procesos históricos más antiguos de Europa. Las raíces de nuestra historia son profundas.La arbonaida («blanca y verde» en la lengua romance andaluza, el aljamia), nuestra bandera, fue izada por vez primera hace más de 800 años, siendo el emblema nacional más antiguo de Europa. En Orce (Granada) se hallan los restos homínidos más antiguos del continente. La cultura del Argar (Almería) es la primera cultura megalítica europea y a Andalucía es a la única civilización de toda Europa que es nombrada en La Biblia cuando hace referencia expresa a los metales preciosos de los Tartessos. La Bética fue la única provincia senatorial de la Península romana, es decir, que podía enviar sus representantes al Senado. De hecho, en la Bética nacieron Trajano y Adriano, dos de los emperadores más conocidos. El tratado de agricultura y ganadería más extenso y documentado de la antigüedad y el medievo fue escrito por un gaditano, Columela. El más famoso estoico de la historia, Séneca, fue cordobés. La pasión por el conocimiento continuó con Isidoro de Sevilla y Averroes, este último cordobés también. Vivimos en la tierra que vió nacer a Fray Bartolomé de las Casas, Nébrija, María Pacheco, Góngora, Velázquez, Murillo, Bécquer, Mariana Pineda, Giner de los Ríos, María Zambrano, Machado, Falla, Picasso, Lorca, Juan R. Jiménez, Alberti, Victoria Kent, Blas Infante, Andrés Segovia, Turina, Carlos Cano, Paco de Lucía, Camarón... Una tierra, con un rico acervo cultural, que ha mantenido su singularidad desde Tartessos hasta ahora, pasando por la Bética y el esplendor de Al Andalus. Esa singularidad, la historia y la cultura común de muchos siglos, legitiman al pueblo andaluz para ser sujeto político de su propia soberanía. No nos falta historia, nos falta conocimiento de nuestra historia. Andalucía no es España, existió antes de que se configurara el Estado español y seguirá existiendo tras su caída.

 

16. La conquista española que duró ocho siglos truncó el renacimiento cultural andaluz (surgido dos siglos antes que el italiano) y generalizó el latifundismo (en su origen, tierras expropiadas y donadas a la nobleza y a la Iglesia por derecho de conquista), que sigue representando hoy una de las grandes trabas para el progreso de Andalucía. Andalucía se configuró como estado independiente en varias ocasiones, destacando las etapas de Tartessos y Al Ándalus. Tras la conquista, el pueblo andaluz luchó por su libertad e incluso llegó a proclamar la independencia en varias ocasiones. Un precedente es el movimiento secesionista de 1641 dirigido por una fracción de la aristocracia (Duque de Medina Sidonia) y una parte de la burguesía, que llevó como símbolo la bandera blanca y verde y combatió por la separación de Andalucía, aunque solo con el objetivo de defender sus intereses oligárquicos. A mediados del siglo XIX, Andalucía era la segunda zona del Estado español en cuanto a grado de industrialización. No obstante, la dominación de la economía latifundista en nuestra tierra hizo que la economía andaluza se centrase definitivamente en actividades agrarias exportadoras. El beneficio de la explotación de nuestro pueblo era invertido en actividades industriales fuera de Andalucía. El siglo XIX fue también un exponente de la lucha entre el Antiguo Régimen y la expansión capitalista y Andalucía estuvo en primera línea desde posiciones confederalistas (Junta Soberana de Andalucía, 1835; defensa de la Unión Andaluza, 1857- 62; Revolución de 1868,...). En 1883 se proclamó también la primera Constitución Andaluza, llamada de Antequera, en cuyo primer artículo se define la soberanía andaluza y se constituye un Estado Andaluz. Pero una fecha resalta sobre otras, 1873, cuando las tropas andaluzas hicieron frente a los ejércitos españoles y el movimiento cantonal declaró la independencia del Estado Andaluz.

 

17. El andalucismo histórico heredará esta tradición de lucha, al principio desde posiciones federalistas y a partir de la Asamblea de Córdoba (1919) defenderá un programa nacionalista de corte confederal al que añade la reforma agraria y la erradicación del latifundio como eje político y social. Esto posibilitó el diálogo con elementos del movimiento obrero, principalmente anarquista, como Vallina que llegó a apoyar la candidatura de Blas Infante. El proyecto de estatuto de autonomía de Andalucía llegó a las Cortes Republicanas pero el golpe de estado fascista impidió su debate parlamentario.

 

18. La guerra civil y el franquismo significó para Andalucía una auténtica catástrofe. Hubo una auténtica matanza que destruyó el movimiento obrero y popular por décadas. Se desarrolló una represión fría y calculada de todo lo relacionado con el movimiento obrero, con el andalucismo y con la democracia. Blas Infante y Federico García Lorca, uno en Sevilla y el otro en Granada, son los símbolos de una matanza y cruel persecución que se ensañó con cientos de miles de andaluces y andaluzas. Andalucía fué, literalmente, castigada y destruída y los que no fueron asesinados, fueron condenados al exilio o a vivir en su tierra como fantasmas entre los muertos.La identidad andaluza fue sustraída para asimilarla a la España nacional católica. El modelo económico franquista impulsó la subordinación de Andalucía configurando una economía dependiente regeneradora de recursos humanos y ahorro para ser empleados en otros lugares. Así más de dos millones de andaluzas y andaluces se vieron forzados a abandonar su país. Al exilio político de la postguerra se le superpuso otro económico que dejó a Andalucía como un país desamparado y moribundo.

 

19. Con la llegada de la «democracia» el malestar acumulado estalla en una demanda masiva de autonomía. La histórica movilización del 4 de diciembre de 1977 con dos millones de andaluces y andaluzas en la calle exigiendo autogobierno fue bañada en sangre por la policía española que asesinó a Manuel José García Caparrós. Andalucía fue víctima del apaño de La Transición donde las cupulas de la izquierda reformista (PSOE, PCE, UGT y CCOO) pactaron con los residuos del franquismo la reforma del régimen. El PSOE se instaló en el gobierno de la Junta y construyó la adaptación andaluza del régimen español con sus propias características de corrupción y clientelismo político.

 

20. La integración del Estado español en la UE significó para Andalucía un nuevo desastre. La imposición del euro y las políticas de austeridad desarrollaron el carácter dependiente de Andalucía destruyendo la mínima industria que existía, acabando con la pesca y reconvirtiendo la agricultura. Andalucía fue configurada para el turismo externo, como tierra de la que extraer ahorro (sustracción de nuestras cajas por La Caixa) y mano de obra intelectual y manual (emigración). Las políticas europeas han condicionado el desarrollo andaluz al cobro de subvenciones por parte de los grandes terratenientes impidiendo el crecimiento y avance de zonas rurales y comunidades obreras y/o jornaleras. La estrategia de deslegitimación del poder establecido y de sus políticas neoliberales actuales conlleva la necesidad de una visualización y comprensión clara por parte de la población de estas políticas y de sus efectos socialmente dañinos. Para ello la CUT debe desarrollar acciones de denuncia de toda acción política que resulte perversa y dañina para la clase trabajadora.

 

21. Como vemos, Andalucía se ha conformado a través de su historia como una formación social específica, con un fuerte y diferenciado acervo cultural y una marcada subalternidad política fruto de su inserción dependiente y subordinada en el marco español. Estructuralmente, Andalucía ha llegado al siglo XXI como un territorio subdesarrollado en lo económico, sometido a los poderes políticos de la Unión Europea y del Estado español y alienado en lo simbólico-cultural. La negación política de Andalucía ha estado indisolublemente vinculada al reforzamiento del nacionalismo español, como nacionalismo opresivo. El Estado español ha monopolizado el concepto de soberanía nacional, oprimiendo a las naciones que lo integran en el marco coercitivo que lo legitima y que conlleva la negación de las distintas soberanías nacionales. Pero aunque esta acerbo histórico de Andalucía permite a sus habitantes un sentido de continuidad, una conciencia distintiva de fraternidad como pueblo e identificarse con su profundidad histórica y con todo un patrimonio de creencias, costumbres, folklore y estilos de vida comunes, el andalucismo de la CUT no es esencialista, no se fundamenta en la reivindicación de un pasado originario idílico. La propuesta estratégica que representa el andalucismo de la CUT es la construcción de Andalucía como una nación política, autodeterminada, soberana e internacionalista. La constitución de Andalucía como nación, su emancipación política y social y la emancipación política de las clases subalternas van de la mano y no pueden ser la una sin la otra. Nuestro nacionalismo no se fundamenta en una esencia “eterna”, sino en una voluntad política de construcción y liberación política.

 

22. Andalucía no puede salir de la situación en la que se encuentra bajo el doble yugo de la UE y del Estado español. Necesitamos construir un futuro propio junto al resto de los pueblos del Mediterráneo por fuera del euro y de la UE, por fuera de la esclavización española y por ello exigimos el derecho de soberanía para que sean sólo y únicamente los andaluces y andaluzas los que en cada momento decidan su futuro.

 

 

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