IV CONGRESO

 

I. Globalización, neoliberalismo, recolonización

 

1. La etapa de expansión del capitalismo de la postguerra, los llamados 30 gloriosos (1945-75) o ‘edad de oro del capitalismo’ con importantes tasas de crecimiento del PIB y prácticamente pleno empleo en la mayoría de los países del primer mundo posibilitó el estado del bienestar y los derechos sociales. Aunque no consiguió superar la terrible división del mundo entre un Norte enriquecido y un Sur expoliado, este enorme crecimiento de las fuerzas productivas que se desarrolló durante el boom económico de la postguerra también alcanzó en menor medida al mundo excolonial. Esta excepción histórica fue debida al enorme mercado de reconstrucción que creó la destrucción causada durante la 2ª Guerra Mundial, el empleo de las políticas keneysianas de inversión y déficit público y la existencia del bloque del este, encabezado por la URSS, que el capitalismo occidental debía contrarrestar.

 

2. El modelo de posguerra se basaba en cuatro grandes equilibrios: 1. La paz social en los países industrializados. El estado del bienestar mediante la inversión pública garantizaba una amplia cobertura en protección y servicios sociales y además, vía presupuestos financiaba a las burocracias sindicales. A cambio, las cúpulas sindicales aceptaban el capitalismo y garantizaban la paz social. 2. Neocolonialismo. Los movimientos de liberación nacional consiguieron la independencia política de las colonias y el boom de la postguerra propició la industrialización de una serie de países dependientes, lo que obligó al imperialismo a diseñar mecanismos neocoloniales de control de las economías emergentes mediante su subordinación al mercado mundial. 3. Guerra Fría. La división del mundo firmada en el Tratado de Yalta implicaba la coexistencia de dos bloques antagónicos que utilizaban al enemigo exterior para sofocar o controlar revoluciones populares, afianzando de esta manera su dominio interno. 4. Hegemonía USA. Entre las potencias imperialistas existía una indiscutible hegemonía económica, política y militar de EE.UU.

 

3. Pero este período capitalista de bonanza estaba condenado a desaparecer. La principal contradicción interna del capitalismo (entre el carácter social de la producción y la forma de apropiación individual de los beneficios que comporta la existencia de la propiedad privada de los medios de producción), desencadenó la crisis de sobreproducción de 1973. La recesión del 74-75 puso en evidencia los límites de las políticas inflacionistas propias del keynesianismo y abrió la puerta a la llegada del neoliberalismo con las victorias electorales de Reagan y Tatcher. El proceso de reestructuración capitalista iniciado en los ‘70 y culminado en los 80 y 90, puso fin al «compromiso keynesiano de la postguerra» y dio paso a la ofensiva neoliberal actual. Los cuatro equilibrios de la postguerra saltaron por los aires. La hegemonía USA se vió socavada por la crisis del dólar de 1971 y el fin del sistema de Bretton Woods, así como por el auge económico del imperialismo europeo y japonés y la aparición en la escena económica mundial de China. En 1953, la economía norteamericana producía la mitad de la producción mundial total. En 2004, al gigante norteamericano le corresponde sólo el 20,9% de la producción mundial. El imperialismo americano continua siendo la potencia dominante desde el punto de vista político y militar, pero ha visto debilitada su hegemonía económica, aunque conserve el liderazgo tecnológico. Por otro lado, se desarrolla una tendencia aguda de competencia creciente entre los tres grandes bloques comerciales (NAFTA, UE y el Pacífico) por acaparar mercados y nuevas zonas de influencia.

 

4. También en los años 70, debido a la crisis, la inversión en la mayoría de los países semicoloniales colapsó progresivamente, dando lugar a una caída drástica y a menudo catastrófica en los niveles de vida. Durante los ‘80 y ‘90, las burguesías imperialistas desarrollaron nuevas formas de pillaje para saquear la riqueza de estos países, tales como la crisis de la deuda, el control de los mecanismos internacionales de intercambio comercial y la implantación del neoliberalismo que eliminaba las últimas defensas de las economías nacionales de los países dependientes. Esta política supuso para América Latina, el expolio y el tutelaje efectivo del capitalismo extranjero y, hoy, el mundo semi-colonial se hunde en una miseria aún mayor, atravesado por guerras, enfermedades y una desintegración virtual.

 

5. La guerra fría a veces se tornó caliente (Corea, Vietnam, Angola, etc.), ya que, la política de bloques fue siempre contradictoria y movible, debido a que implicaba a sistemas sociales antagónicos, capitalismo y socialismo. El estado del bienestar conocido en Europa fue en buena parte un subproducto de la revolución rusa y de los estados que ayudó a construir. La descomposición del «socialismo real» inauguró un nuevo período de inestabilidad política con la aparición de guerras fratricidas en Europa (desintegración de Yugoslavia), por primera vez desde los años 50.

 

6. Asimismo, la irrupción del tatcherismo en Gran Bretaña y la «reaganomics» en los EE.UU. marcó el comienzo del final de la paz social en el interior de los países imperialistas y el ascenso de las políticas neoliberales que cuestionan los derechos sociales adquiridos en el anterior periodo. Se trataba de enmascarar un proyecto ideológico, bajo un discurso supuestamente técnico y cientifista, que dilapidaba las políticas estatales expansivas y cooptaba la organización social. En definitiva un proyecto de dominación de las élites contra las mayorías sociales. Del «consenso de la postguerra» basado en el estado del bienestar pasamos al «consenso de Washington», la biblia de la globalización neoliberal. El economista francés Francais Chesnais citó la definición de globalización por parte de un gran empresario como sigue: «Globalización es la libertad del capital para implantarse donde quiera, cuando quiera, para producir lo que quiera, comprando y vendiendo donde quieran y sufriendo lo menos posible las restricciones en materia de derecho del trabajo y de convenciones sociales».

 

7. Las nuevas tecnologías (informática, microelectrónica, telecomunicaciones, robótica, etc) han penetrado en todas las esferas de la actividad económica y sus aplicaciones en diferentes campos como la investigación, las ciencias, las comunicaciones, la salud, por nombrar algunos, han transformado la base técnica y cultural de nuestra existencia creando sectores de producción nuevos y productos y mercancías que antes no existían, como por ejemplo, la información. Se ha formado una sociedad de la información global, cuyo máximo exponente es Internet, que a su vez es un negocio. Esta revolución tecnológica ha propiciado la desregulación de los movimientos internacionales de capital y la interconexión en tiempo real de las bolsas, mercados de cambio y plazas financieras, que ha configurado un mercado financiero global sin regulación ni control estatal alguno.

 

8. Es en la esfera del capital financiero donde se ha alcanzado un grado más elevado de movilidad y una globalización prácticamente total. El reino del capital-dinero ha conquistado una libertad de acción completa como jamás existió en la historia. Los estados nacionales han perdido casi por completo la capacidad de controlar y regular por medio de sus bancos centrales los gigantescos movimientos de capital que pueden desestabilizar los mercados de divisas, las tasas de interés y de cambio, etc.

 

9. Para el modelo neoliberal los gastos sociales son un verdadero derroche que pone en peligro un presupuesto sano y equilibrado. Con el pretexto de estimular la inversión se reducen los impuestos a la clase capitalista cargando mediante reformas impositivas una mayor presión fiscal sobre la clase trabajadora. Todo esto se combina con una acusada tendencia hacia la mercantilización de los servicios públicos, la privatización del sector público, la desregulación laboral y el desmantelamiento de los sistemas de protección social (desempleo, educación, salud, vivienda, jubilaciones, etc). De esta forma se despoja a los estados nacionales de los medios que antes paliaban las dramáticas consecuencias de las crisis económicas. Los gobiernos, además, no disponen de los mecanismos de antaño para gobernar, como eran la política monetaria, la política fiscal o la política presupuestaria. Instancias superiores como el FMI, la Comisión Europea o el Banco Central Europeo (más conocidos como La Troika) ejercen el verdadero poder.

 

10. Llevamos tres décadas de retrocesos sociales en el mundo, lo cual es un síntoma más de la decadencia del sistema capitalista, incapaz de seguir desarrollando las fuerzas productivas del planeta y de proporcionar al pueblo trabajador una vida digna. Durante estas tres décadas, los ciclos de recesión han aumentado en frecuencia y en intensidad, siendo seguidos por unos ciclos de recuperación cada vez más breves. Llevamos tres décadas de ataques continuos y sistemáticos cuya finalidad no es otra que la recuperación por parte del capital de su tasa de beneficio. Durante estos 30 años de neoliberalismo salvaje se han privatizado empresas públicas, se han mercantilizado servicios públicos, se ha reducido el gasto social. Al mismo tiempo se recortan derechos sociales y prestaciones y se reforma la legislación laboral para dificultar la respuesta organizada de la clase trabajadora.

 

11. Todo esto ha ido acompañado de un endurecimiento de la legislación represiva y el autoritarismo de los estados. El imperialismo se ha lanzado a una campaña de recolonización por la vía militar (Irak, Afganistán, Libia, etc) para salvaguardar sus intereses geoestratégicos. Pero han aprendido de experiencias pasadas. Ahora maquillan el pillaje imperialista como intervención humanitaria intentando mediante la propaganda poner a la población de su lado y así desactivar las movilizaciones contra la guerra que tanto daño le hizo durante la guerra de Vietnam. Las guerras de conquista necesariamente necesitan paz interna. Al imperialismo, es decir, al capitalismo en su fase de decadencia, le sobra la democracia.

 

12. El papel de los gobiernos de turno, ya fueran socialdemócratas o conservadores, siempre fue el mismo: aplicar las contrarreformas apelando a su mayoría electoral y obviando la protesta de la calle. Lo que ha ido creando un divorcio creciente entre la sociedad y sus representantes políticos que ha puesto en cuestión la legitimidad de los gobiernos. En mayor o menor grado este ha sido el guión que se ha ido repitiendo en cada estado. Ahora toca a la vieja Europa, sobre todo a la Europa del Sur, sufrir con más intensidad que nunca los ataques neoliberales que ya antes padecieron los pueblos de Latinoamérica, África y Asia. El capitalismo neoliberal está poniendo en práctica políticas depresivas que crean desempleo masivo y que erosionan la economía productiva al mismo tiempo que apuntalan desde lo público con masivas inyecciones de liquidez monetaria a la banca privada. Este robo legal nunca antes se había producido con tanta amplitud y densidad ni tampoco con tanto descaro y atrevimiento. Hay que destacar la renuncia de la socialdemocracia europea a colaborar en cualquier proyecto transformador y su connivencia en la gestión neoliberal de la crisis. Por su parte, los partidos comunistas europeos que histórica y simbólicamente se referenciaron en lo que representaban la Unión Soviética y el llamado campo socialista sufrieron un gravísimo revés con la caída del Muro de Berlín y no recobraron ya más el vigor político que un día tuvieron. En este contexto, la izquierda política occidental y el programa anticapitalista han pervivido desigual y tenuemente en medio de su más importante derrota histórica a manos del programa político e intelectual que ha representado el neoliberalismo. A pesar de todo, en esta época de hegemonía de un programa capitalista radical han sostenido las ideas emancipadoras distintas resistencias entre las que se destacan el levantamiento zapatista de 1994, el movimiento antiglobalización y contra las guerras imperialistas que surgió a partir de Seattle, la digna persistencia de la Revolución Cubana y las luchas populares y los gobiernos antineoliberales en algunos países latinoamericanos como Venezuela, Bolivia y Ecuador.

 

13. En definitiva, la globalización neoliberal se caracteriza, pues, por la concentración del poder y la riqueza en unas pocas manos. Las decisiones, concentradas y anónimas, que afectan a las vidas de millones de personas se producen en centros de poder cada vez más separados de la ciudadanía y alejadas de sus ámbitos convivenciales y políticos. Por esto, la lógica del mercado global lleva inexorablemente a la conculcación de la libertad para la inmensa mayoría social, la clase trabajadora, y a la configuración de una plutocracia mundial, el gobierno de los grandes capitales y monopolios. Un gobierno en la sombra, no elegido, que no responde ante nadie y al que sólo le preocupa su cuenta de resultados. Y para ampliar sus beneficios arrasa países, destruye estados, acaba con la naturaleza y el hábitat, explota y discrimina personas, roba derechos e impone esclavitud.

 

14. A partir de 2009, el sistema capitalista en el mundo occidental entró en una grave crisis originada en su esfera financiera pero que ha puesto de manifiesto con toda crudeza los problemas estructurales que afectan a las tasas de ganancia capitalistas. En la primera década del siglo XXI comienzan a eclosionar anárquicamente las distintas crisis que el sistema capitalista mundial lleva en su seno: las dificultades para mantener la rentabilidad de los capitales, la destrucción medioambiental, la degradación democrática, las desigualdades mundiales, las amenazas militaristas, los ataques de las élites privilegiadas a los sistemas públicos. Contra esta amenaza a la humanidad que supone el capitalismo sólo tenemos una salida: construir una alternativa emancipatoria que conquiste la hegemonía en la clase trabajadora y en el conjunto de la sociedad para llevar adelante una revolución social y política que alumbre una nueva sociedad y libere al pueblo trabajador andaluz y a la humanidad de sus cadenas.

 

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